Crítica de 'Guerra de mentiras' (2021)

Imagen Guerra de mentiras


Una película sólida que cuenta, con cierta agudeza y descaro, una historia escandalosamente real.


Aunque ya ha buscando sin éxito armas de destrucción masiva en Irak como miembro de una misión especial de las Naciones Unidas, el experto en armas bioquímicas Arndt Wolf sigue estando obsesionado con la idea de que Saddam Hussein esconde algo. Ninguna de las personas que le rodean muestra el menor interés en esta cuestión, circunstancia que cambia de la noche a la mañana cuando un refugiado político del gobierno iraquí asegura haber estado involucrado en la creación de este tipo de armas. El Servicio de Inteligencia Federal alemán convoca a Wolf para que evalúe si la información del informante, a quien se le ha otorgado el sobrenombre de 'Curveball', es o no cierta

La nueva película de Johannes Naber (Tiempo de caníbales), cuyo guion coescribe junto a Oliver Keidel (Horizon Beautiful), está basada para sorpresa de cualquier espectador en hechos escandalosamente reales. La cinta narra, a través de sus culpables más prematuros, la surrealista historia de cómo se inició la guerra de Irak. Y es que, en plena época de paranoia colectiva por las armas biológicas y de destrucción masiva, un dibujo en una servilleta hizo que Estados Unidos iniciara un sangriento conflicto que duraría hasta 8 años. Grotesco como poco. Sin embargo, fueron el gobierno alemán y su servicio secreto los precursores de esta mortal mentira que Nabel y Keidel retratan con cierta agudeza y descaro -todo el filme en sí mismo es humor negro-. Además, también cuestionan el significado de la verdad y destapan la basura que infecta a las altas esferas.

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Lo primero que la película nos deja claro es que al parecer, en tierras alemanas, están o estaban obsesionados con la Coca Cola y la Pepsi. Botella o lata en mano, Sebastian Blomberg (Tribus de Europa) y Dar Salim (Atrapados) son los principales pilares que logran sostener la cinta gracias a sus interpretaciones del obsesivo Dr. Wolf y el tan superviviente como mentiroso Rafid Alwan, respectivamente. Ambos comparten una química estupenda y brillan cuando la cosa se pone realmente fea. Una pena que Naber y Keidel no se centren más en Alwan, que al fin y al cabo es la persona clave en todo este asunto. Por su parte, Virginia Kull (NOS4A2), infravalorada y con mucha mala suerte en sus proyectos televisivos, vuelve a cumplir como una agente de la CIA que no derrocha nada del encanto ni actúa con la espectacularidad de los ejemplos más famosos del cine.

Quizá chirría un poco el hecho de que 'Guerra de mentiras' se desvíe tanto hacia la comedia y la acción torpona, sobre todo en su desenlace. Un recurso utilizado para añadir algo de chispa y morbo a un conjunto que evita ser sobrio, incluso cuando los eventos narrados desembocan en una de las peores guerras de las últimas décadas. No obstante, es una cinta muy entretenida y sólida que cuenta su historia de la mejor manera que puede. Si eres de aquellas personas que no creen en eso de que la realidad supera a la ficción, entonces debería ver esta película. Porque lo verdaderamente surrealista no son las desaliñadas secuencias de espías ni los litros de Coca Cola ingeridos, sino los más de un 1.000.000 de vidas perdidas por culpa de una servilleta y el orgullo de cuatro borregos con demasiado poder. Para ellos, la verdad es solo aquello que mejor se ajusta al momento, sean cuales sean las consecuencias.

'Guerra de mentiras' se estrena el 9 de abril en cines.

Puntuación: 7/10


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