Crítica de 'Solo nos queda bailar' (2020)

Crítica Solo nos queda bailar


Absorbente y llena de espíritu. Un fiel retrato de la vida en el férreo tradicionalismo georgiano.


Merab (Levan Gelbakhiani) lleva bailando desde pequeño en el Ballet Nacional de Georgia con su pareja de baile Mary (Ana Javakishvili). Su mundo se vuelve patas arriba cuando aparece el carismático y despreocupado Irakli (Bachi Valishvili), que se convierte en su mayor rival y en su mayor deseo. En este entorno tan conservador, Merab se ve en la necesidad de liberarse y arriesgarlo todo.


El cineasta sueco Levan Akin (El círculo) es el encargado de escribir y dirigir esta cinta desarrollada en Tiflis, la capital de Georgia. Así, Akin vuelve a las raíces de su ascendencia y a las de su principio audiovisual: basar sus trabajos en críticas a la clase y al género. En esta ocasión, aborda el tema de las tradiciones georgianas y el despertar sexual en un país en el que ambos conceptos son claramente incompatibles. Tanto es así, que el rodaje tuvo que desarrollarse en absoluto secreto a fin de evitar algún posible incidente en forma de protesta violenta o ataque directo, requiriendo de la protección de guardaespaldas. El director nacido en Estocolmo realiza un trabajo formidable tras la cámara y alardea de un gusto exquisito por la cinematografía, utilizando todos los conocimientos a su alcance para jugar con los planos y los juegos secuenciales con el objetivo de seducir visualmente.

Crítica Solo nos queda bailar

Esta lírica visual y orgánica fue posible gracias a la propia experiencia de Akin con el reparto elegido, formado al 99% por actores que no lo son y con el que vivió durante días para zambullirse de lleno en la cultura y las maneras georgianas, tanto en su rincón más tradicional como en el más rebelde. Esta confianza y camaradería se nota en cada una de las escenas, en las que todo fluye de forma natural y con un realismo satisfactorio. Nuestro protagonista Levan Gelbakhiani, bailarín de profesión en la vida real, está cautivador y brillante. Bachi Valishvili, su rival y su deseo es carismático y encantandor. El resto del elenco, en el que también destaca la entrañable Ana Javakishvili como la vitalicia amante y protectora de Mareb, no desentona y ayuda a crear una atmósfera inundada de realidad.

Aunque a veces caiga en terrenos comunes y algunos clichés del género, 'Solo nos queda bailar' cuenta con una historia absorbente y una cinematografía llena de espíritu. La espectacular belleza del baile georgiano se entremezcla con la dura realidad a la que se enfrentan las personas pertenecientes al colectivo LGBTI+ en el país, a los que internan en busca de una "cura" e incluso llegan a ser exiliados por sus propias familias. La cinta no solo muestra con rigor la vida y la cultura de un lugar desconocido para muchos, también hace un llamamiento a la unión entre tradición y evolución destacando, pese a todas las injusticias e impedimentos que el amor -el cual ni juzga ni distingue- debe soportar, la necesidad de continuar luchando por una sociedad que ante todo defienda la importancia de ser libre.

Puntuación: 8/10


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