Crítica de 'The White Lotus' (2021) - Miniserie HBO

Imagen The White Lotus


Una sorprendente y absorbente montaña rusa que emociona, incomoda, inquieta y hace reír y reflexionar a partes iguales.


En un lujoso hotel de Hawái, varios huéspedes adinerados residen en él durante una semana mientras se relajan y rejuvenecen en el paraíso. Pero cada día que pasa, surge una complejidad más oscura en la vida de estos viajeros perfectos, los risueños empleados del hotel y este lugar idílico.

Un misterio en forma de muerte. Extraña manera de empezar esta nueva miniserie que llega a HBO el lunes y que promete no dejar a nadie indiferente. La decisión resulta singular porque es muy fácil olvidarse de este especie de 'MacGuffin' a lo largo de los episodios, ya que la ficción no se centra en ello, sino en todo lo que acontece hasta llegar a este fatídico suceso. Pero incluso en este punto, uno se percata de que este tema es el menos importante. De hecho, sin el susodicho fallecimiento, esta historia de ricos blancos disfrutando de sus privilegios mientras son ellos mismos y de trabajadores sumidos en crisis existenciales funcionaría exactamente igual. Creada y dirigida por Mike White (Iluminada), la serie es una sátira sobre las clases y el funcionamiento del sueño americano que cuenta con todo el potencial para ser tan magistral como divisiva.

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Al principio, ninguno puede imaginarse que se avecina una semana bastante movidita en la que cada uno de ellos evolucionará o involucionará con el paso de los días. De esta forma, los huéspedes llegan al hotel y son bienvenidos por un comité dirigido por el meticuloso manager Armond (Murray Bartlett), el cual invita al resto del equipo a ser lo más genéricos posibles y desaparecer tras una máscara de amabilidad, algo que a él se le da especialmente bien... hasta cierto punto. No se lo pondrá nada fácil Shane (Jake Lacy), un niño grande mimado que siempre ha controlado todo y a todos y esta vez no iba a ser menos. Si no que se lo digan también a Rachel (Alexandra Daddario), que acaba de casarse con él y tiene que aguantar cómo este prefiere su orgullo de privilegiado a disfrutar de la luna de miel o apoyarla en su trabajo.

Junto a ellos, también encontramos a la acomodada familia Mossbacher liderada por la implacable empresaria Nicole (Connie Britton) y completada por su inseguro marido Mark (Steve Zahn), su hijo ludópata Quinn (Fred Hechinger), su desagradable e hipócrita hija Olivia (Sydney Sweeney) y la mejor amiga de esta, Paula (Brittany O'Grady), la cual no es más que su mismo reflejo pero con muchas drogas en el bolso. Tanto Olivia como Paula son dos de los personajes adolescentes más punzantes que se han escrito en los últimos años, e identificarse con cualquiera de ellas resulta una tarea casi imposible. Por otro lado, Belinda (Nastasha Rothwell), gerente del spa, también obtiene su propia subtrama en la que comparte muchas escenas con la Tanya de una inspiradísima y maravillosa Jennifer Coolidge. Esta es quizá una de las partes que mejor define la serie, por su desarrollo, su significado y por cómo consigue que la empatía salte de una a otra sin piedad cuando su desenlace se acerca.


Imagen The White Lotus

Con 'The White Lotus', White ha logrado crear una montaña rusa que emociona, incomoda, inquieta y hace reír y reflexionar a partes iguales. Una miniserie extraña e inesperadamente absorbente en la que todo se va desarrollando con una fluidez milimétrica hasta cuando se atreve a cambiar de tono entre episodio y episodio. En la ficción, nos encontramos con momentos inesperados que invitan al shock, así como con situaciones pintorescas de todo tipo llenas de humor negro, unas buenas dosis de maldad y comportamientos por lo general erráticos ejecutados por un reparto que se encuentra a un nivel excepcional. Claro, el conjunto está pensado con el objetivo de dividir de forma constante al espectador para que este siempre tenga dudas acerca de cuál de los personajes debe defender. Incluso es muy probable que, para nuestra sorpresa, lleguemos a identificarnos con el que menos esperamos. Al fin y al cabo, ¿son todos malos o es que tan solo no pueden escapar de sí mismos?

Esta pregunta emerge sobre todo en los destacados momentos del desayuno y la cena, cuando los personajes empiezan a abrir sus bocas y las opiniones de unos y otros salen a la luz. Conversaciones que fluctúan entre temas como el racismo, el colonialismo, la homosexualidad o la familia y que nos muestran la verdadera cara de muchos de los huéspedes, algo que duele especialmente cuando en la escena anterior un rayo de empatía empezaba a asomar en el hotel. Además, es curioso que esta sátira también se sienta como una carta de amor a Hawái, porque puedes escucharlo gracias a una maravillosa y pegajosa banda sonora de Cristobal Tapia de Veer (Hunters), pero incluso respirarlo y sentirlo, conscientes de que como humanos tenemos la capacidad de convertir cualquier paraíso en un infierno. Y este edén elaborado por White y HBO puede ser desagradable y extenuante, pero para este servidor ha sido una experiencia gratificante y sorprendente.

Puntuación: 8,5/10

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