Crítica de 'La historia de Lisey' (2021) - Miniserie Apple TV+

Imagen La historia de Lisey


Una montaña rusa de grandes aciertos y otros tantos errores que no es recomendable para todo el mundo.


Han pasado dos años desde que Lisey Landon (Julianne Moore) ha perdido a su marido, el famoso novelista Scott Landon (Clive Owen). Cuando menos lo esperaba, una sucesión de hechos inquietantes hace que Lisey empiece a recordar episodios de su matrimonio con Scott que había suprimido deliberadamente de su mente. Por si fuera poco, un fanático del escritor amenaza con aprovecharse de todo su legado.

Apple TV+ comienza su ajetreado mes de junio con esta miniserie dirigida por Pablo Larraín (Ema) y basada en la novela homónima de Stephen King, uno de sus trabajos más personales y emocionantes. Para más aliciente, el mismísimo King adapta su propia obra y se encarga de todos los guiones de la ficción. ¿Qué podía salir mal? Pues, la mayoría de veces nos quejamos de que muchas adaptaciones no suelen ser satisfactorias, bien porque no logra captar la esencia del material original o bien porque quiere distanciarse demasiado del mismo. Sin embargo, en esta ocasión los libretos resultan tan meticulosos que deja buena constancia de un aspecto fundamental: lo que funciona tan bien en papel no siempre obtiene el mismo resultado en la pantalla. Hay que lograr un equilibrio entre formatos y esta es quizá una de las novelas de King más arriesgadas y difíciles de adaptar.

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Interpretada por Julianne Moore (La mujer en la ventana), que realiza un gran trabajo incluso en las situaciones más incómodas en las que la dirección de Larraín pende de un fino hilo, nuestra protagonista Lisey se ve envuelta de repente en una carrera por sobrevivir y por preservar el incalculable legado de su marido. A lo largo de la serie, muchas veces vemos como ella camina, o permanece sentada, mientras recuerda acontecimientos del pasado, algo que no termina de funcionar tan bien como en la novela. No obstante, el personaje de Moore es tan solo un recurso para que poco a poco conozcamos la odisea de Scott. Un vehículo que nos ayuda a viajar por cada rincón de su turbulenta vida a la vez que debe enfrentarse a las dificultades de la pérdida. Porque absolutamente todo gira alrededor de él, incluso la propia historia de Lisey.

De esta forma, cuando no hace uso de su misteriosa presencia, Clive Owen (American Crime Story) se dedica a narrar la vida de Scott -en la que por si fuera poco entra un irreconocible y contundente Michael Pitt a lo suyo- en una experiencia más frustrante que satisfactoria. Por otro lado, además de los peligros casi oníricos que nos ofrece la serie, y de los cuales es mejor no hablar aquí, Lisey debe lidiar con un villano más tangible en la piel de un algo sobreactuado Dane DeHaan (ZeroZeroZero), que interpreta con demasiada vehemencia a un psicópata fanático de Scott que personifica las peores pesadillas de cualquier artista. Una amenaza que se siente superficial en una historia con tanta profundidad como esta. La ficción también nos regala el regreso triunfal de Joan Allen (El secreto de Adam) y una desaprovechada Jennifer Jason Leigh (Atípico), cuyo personaje exigía algo más de utilidad.


Imagen La historia de Lisey

'La historia de Lisey' cuenta con momentos realmente memorables que alternan entre lo inquietante, lo fantástico y lo romántico. Sin embargo, es una ficción que resulta algo densa y muy difícil de digerir en ocasiones. No solo por sus altibajos de ritmo, sino por un guion demasiado centrado en contar y volver a contar si es necesario. Que estira el chicle de manera innecesaria. A veces, la narrativa se va tan por las ramas que el director se ve obligado a recordarnos, mediante algunas sutilezas visuales, si estamos sumidos en los recuerdos de la protagonista o por el contrario nos encontramos en el presente. Sí que es interesante como King y Larraín, a través de elementos sobrenaturales e imágenes surrealistas, diseccionan y exteriorizan tanto la mente como el modus operandi de un escritor. Pero normalmente lo hacen de una forma muy ambigua y confusa. Eso sí, visualmente es espectacular, a pesar de que la puesta en escena chirría en contadas situaciones

Al igual que en la novela, tenemos un puñado de vocablos inventados por el propio autor que la pareja utiliza constantemente. Además de Boo'ya Moon, el nombre de un mundo perdido entre la realidad y la imaginación -escapa a toda lógica- que visitamos a lo largo de la serie, nos encontramos con conceptos como dálivael mal rollobabyluv y muchos otros. Una curiosa particularidad con la que el guionista logra hacernos cómplices de la dinámica entre Lisey y Scott. El problema es que aquí, seguramente por exigencia de la producción ejecutiva al tratarse de un producto de King, la miniserie está más interesada en inquietar y en explotar sus elementos sobrenaturales que en mostrar toda esa profundidad emocional característica de la obra. Al final, nos queda una montaña rusa de grandes aciertos y otros tantos errores que no es recomendable para todos. Los espectadores exigentes la disfrutarán más.

Puntuación: 6,5/10

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