Crítica de 'Floodland' (2021) Episodios 1-3 - Serie SundanceTV

Imagen Floodland


Estos primeros tres episodios nos proponen un thriller fronterizo previsible sin nada interesante que revelar.


La historia comienza con un pequeño barco que emerge de la niebla en el río Escalda, deslizándose silenciosamente entre enormes petroleros y cargueros. La cabina del pequeño bote está acribillada con agujeros de bala y sus paredes gotean sangre. La mañana siguiente, una joven deambula por las tierras ganadas al mar entre Bélgica y los Países Bajos. Está herida y exhausta y se niega a hablar. La inspectora Tara Dessel (Jasmine Sendar) se hará cargo del caso después de su último trabajo en Rotterdam, de donde ha decidido alejarse por razones desconocidas. En el lado belga del río, el encantador pero distante psicólogo Bert Dewulf (Koen De Bouw) realizará una evaluación en profundidad del estado mental de la niña confundida y traumatizada cuya identidad es todavía un misterio.

Este mes, SundanceTV estrena una producción belga-holandesa que explora las profundidades de la zona fronteriza de Bélgica y Paises Bajos, donde la población mantiene su forma de vida desde hace siglos y su manera particular de tratar con los extraños y esconder los secretos. Bajo una trama no demasiado inspirada de investigación y tráfico de inmigrantes, vemos como chocan entre sí una serie de aspectos como culturas mezcladas, sistemas distintos y formas de actuar que se diferencian ampliamente de las que se llevan a cabo en las zonas más pobladas. Sin embargo, siempre desde la ignorancia de alguien que vive a miles de kilómetros del lugar, hay ciertas cosas a las que cuesta dar crédito. ¿Un show de striptease en plena comisaría? No te asombres, porque esto es tan solo un ejemplo...

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Además, en la serie encontramos a un grupo de protagonistas algo estereotipados con los que es complicado empatizar. La inspectora Tara (Jasmine Sendar), que parece rescatada directamente del género Blaxploitation, no se encuentra precisamente con una cálida bienvenida. Tampoco la busca ni pretende caer bien a todo el mundo. Es impulsiva, impaciente -nada más llegar asiste a la escena del crimen sin placa ni arma- y sobre todo, no aparenta ser demasiado sociable. Por otro lado, el psicólogo Bert Dewulf (Koen De Bouw) es un personaje algo plano e hipócrita que antepone su trabajo a las necesidades de su familia. Nuestra última protagonista es Annelies (Anne-Laure Vandeputte), una joven en proceso de desintoxicación y epicentro de una subtrama familiar que de momento no se conoce como podría encajar en la historia principal.

De momento, en estos primeros tres episodios, 'Floodland' nos propone un thriller fronterizo previsible sin nada interesante que revelar. Da la sensación de que la producción se centra más en impactar con su sensacional fotografía que en desarrollar su historia de forma coherente. Sí, esos radiantes planos que sacan todo el jugo de los hermosos paisajes fronterizos son de agradecer, por supuesto. Sin embargo, un guion algo sobrado de clichés y un montaje un tanto atropellado contrastan en exceso con sus virtudes visuales. Tampoco ayudan demasiado sus personajes casi caricaturescos ni su visión satírica y unidireccional de las fuerzas del orden. Al menos, sí cuenta con un buen ritmo y cumple como entretenimiento, pese a todo. Algo es algo.

Puntuación: 6/10

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