Crítica de 'Clark' (2022) - Miniserie Netflix

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Crítica de 'Clark' (2022) - Miniserie Netflix

Imagen Clark


Bill Skarsgård brilla en una miniserie descarada, imaginativa y anárquica en todos los sentidos.


Esta es la vida del hombre que dio origen a la expresión «síndrome de Estocolmo», cuando sedujo a toda una Suecia que se rindió a sus encantos pese a sus cargos por tráfico de drogas, intento de asesinato, agresión, robo y montones de atracos a bancos. Basada en las verdades y mentiras desveladas en la autobiografía de Clark Olofsson, la producción ofrece un relato ficticio de una de las personalidades más polémicas de la historia contemporánea de Suecia.

Basada seguramente en muchas más mentiras que verdades, la nueva miniserie sueca que llega este viernes a Netflix es algo así como la 'Atrápame si puedes' con esteroides que Spielberg jamás se habría atrevido a hacer. Así, tras uno de los inicios más locos e hilarantes que veremos este año en cualquier lanzamiento de la plataforma -y puede que más allá-, el cineasta Jonas Åkerlund (Polar) y compañía nos ofrecen una imaginativa montaña rusa que demuestra a grandes como Hollywood que se pueden seguir produciendo biopics originales y rompedores.

Y es que, esta historia inventada en gran parte y exagerada hasta decir basta del tal Clark Olofsson (Bill Skarsgård), sin duda comparte algún que otro aspecto con la del susodicho Frank Abagnale Jr.. No obstante, como por suerte estamos en 2022 y esto es Europa, no esperemos un relato muy glamouroso y exageradamente romantizado de nuestro protagonista. Ni muchísimo menos. Al fin y al cabo, este criminal sin remedio protagonizó una de las maniobras policiales más extrañas de se recuerdan. Por ello, los suecos no iban a retratar a una de sus mayores 'leyendas' recientes sin que el resultado estuviera por debajo del surrealismo de sus eventos.

Imagen Clark

De hecho, la miniserie está tan sobrada de descaro y atrevimiento que durante gran parte de su metraje se permite el lujo de tratar sus temas más serios de la misma manera. Estas formas que envuelven a sus subtextos, e incluso perfilan las reacciones de muchos otros personajes, no son más que un reflejo de la personalidad del propio Clark, alguien al que no le importan las reglas ni sabe distinguir el bien del mal, porque para él no parece haber diferencia entre uno y otro. Es más, este mundo que retrata la ficción es el que vemos a través de sus ojos: una visión desenfadada, delirante y algo retorcida del mismo que se creó en su difícil infancia.

Por supuesto, con esto los guionistas intentan romantizar un poco a su protagonista y dotarle de unos conflictos internos con los que cualquiera pueda empatizar. Sin embargo, desde el principio la miniserie deja bien claro que la única motivación de Clark es alimentar su ego -y también las mujeres-. No es un profesor con cáncer que desea lo mejor para su familia, ni mucho menos es un filántropo que quiere repartir al pueblo lo que es del pueblo. Sus objetivos son del todo egoístas. Por eso, la ficción no tiene reparos a la hora de mostrarle haciendo las peores cosas, aunque sí es cierto que probablemente exagera sobremanera muchas de ellas. ¿O quizá las maquillan? Quién sabe.


Clark es de esas personas a las que todos quieren seguir. O más bien él está seguro de que es una de esas personas a las que todos quieren seguir. Es una autoestima desmedida que choca directamente con la inseguridad de Tommy Lindström (Vilhelm Blomgren), el agente de policía que lo persiguió durante años. Sin embargo, también es un hombre obsesionado con enterrar el pasado y pasar página lo más rápido posible, incluso si ese pasado ocurrió 5 minutos antes. Este es el mayor conflicto dramático con el que la miniserie juega a lo largo de sus episodios, dejando claro que estamos presenciando una historia contada por uno de los narradores menos fiables que puedan existir.

Como es evidente, un hombre del carisma de Clark tenía que ser interpretado por un actor a la altura de las circunstancias. Dicho deber recae en un excepcional Bill Skarsgård (Eternals) quien, pese a su imparable éxito en Estados Unidos, no ha dado la espalda a su país de origen y vuelve al mismo con más fuerza que nunca. La verdad es que su presencia contrasta tanto con la del resto del reparto que resulta hasta ridículo. No digo que el elenco no se encuentre a buen nivel, todo lo contrario, porque se nota que todos y cada uno de ellos han confiado ciegamente en el proyecto y lo han dado todo de sí mismos, pero uno no puede hacer caso omiso a la evidencia: aquí Skarsgård es la estrella absoluta y se lo ha pasado de miedo rodando esto. Simplemente brillante.

Imagen Clark

Si hay una palabra que define a 'Clark' como producción es anarquía en todos los sentidos. No es un biopic al uso, desde luego. Es una miniserie que, aunque sus adelantos dejaban entrever algo de lo que nos esperaba, sorprende al rebosar personalidad e imaginación visual durante gran parte de sus episodios. En ellos, Åkerlund y su equipo, como si de una obsesión impuesta se tratase, siempre están intentando dejar al espectador con la boca abierta. De hecho, en su mayoría esta es una auténtica locura de robos, huidas, sexo, fantasía y secuencias donde abundan las rarezas que se entremezclan con un humor muy negro y, en ocasiones, incluso absurdo.

Por otra parte el guion, dentro de ese anarquismo que también define al personaje, no se preocupa por realizar una estudio relativamente profundo del mismo hasta su hora final. No parece que reflexionar sea el objetivo tampoco, en especial porque los guionistas se encuentran más preocupados por entretener y romper todos los esquemas posibles. Eso sí, esto no significa que de vez en cuando no nos intenten ablandar el corazoncito con alguna cursilada, pero incluso estas a veces parecen más de broma que en serio. La verdad es que, en cualquier otra ficción, este sería un rasgo muy negativo si no fuera porque aquí sus intenciones nos quedan bien claras desde los primeros cinco minutos.

También es verdad que, a lo largo de los episodios, ocurren tantas cosas y todo goza de un ritmo tan enérgico que la miniserie sin duda se habría beneficiado de un formato de corta duración. 60 minutos aquí a veces resultan agotadores, o será que uno por desgracia ya no puede presumir de tener tanta energía como la que derrochan Clark y Skarsgård. Por no hablar de que las propias formas del director sueco alcanzan todo su esplendor en la ficción, y esto es algo que chocará sin remedio con aquellos espectadores que no decidan abrazar toda su locura desde el principio.

Para añadirle más ironía al asunto, la propia miniserie parece realizada con la intención de producir cierto efecto 'síndrome de Estocolmo' en el espectador. Y es que, tras este disparatado viaje y pese a ser testigos de lo peor de su protagonista, al final nos vemos 'secuestrados' por su carisma y es difícil no apoyarlo por muy sonrojante que resulte la idea. Sí, por supuesto que esto es algo que la mayoría de veces consiguen este tipo de producciones, pero más allá de la obviedad que supone, no vamos a negar que en esta ocasión tal recurso narrativo adquiere un encanto añadido. ¡Estos suecos están locos! Pero que ningún sueco se ofenda, porque lo digo como el mejor de los cumplidos.

Puntuación: 8/10

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