Crítica de 'Fundación' (2021) Temporada 1 - Serie Apple TV+

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Como serie tiene el potencial para ser un éxito entre el público desconocedor de la obra de Asimov, pero como adaptación es un intento pretencioso y algo mediocre.


Cuando el revolucionario Dr. Hari Seldon predice la inminente caída del Imperio, él y un grupo de leales seguidores viajan a los últimos confines de la galaxia para establecer La Fundación en un intento de reconstruir y preservar el futuro de la civilización. Enfurecidos por las teorías de Hari, basadas en una ciencia propia a la que ha llamado Psicohistoria, los clones emperadores Cleons temen que su control sobre la galaxia se pueda debilitar y deben reconocer la posibilidad, muy real, de perder su legado para siempre.

Ya ha llegado a Apple TV+ la esperada serie de ciencia-ficción que se basa en la aclamada saga de novelas de Isaac Asimov. Una adaptación a cargo de David S. Goyer (Da Vinci's Demons) que sin duda ha resultado toda una odisea para los implicados. Normal, ya que bien sea por su complicación o porque simplemente no es necesario, los libros de Asimov se han ganado el estatus de inadaptables. No obstante, más que adaptar en el sentido estricto de la palabra, aquí Goyer hace lo que quiere con la obra y se inspira en ella pensando en la cantidad y no en la esencia ni la semejanza. Coge el grueso de las escenas políticas, sociales y filosóficas y las reduce a su mínima expresión para dar prioridad a otras situaciones en las que prima el entretenimiento más identificable, añadiendo a su vez sus propios conceptos y aumentando la cantidad de acción.
    
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Y es que esta temporada ni siquiera cubre el primer libro de la trilogía original más allá de los dos primeros relatos. Eso sí, lo hace de una forma muy libre nutriéndolo a su vez de algunos elementos de las precuelas. Por ello, para estirar un chicle que no necesitaba alargarse, el creador cambia por completo muchas de las situaciones míticas de los libros, o en su defecto, propone otras inexistentes en los mismos que se adentran en el terreno de lo ya mil veces visto antes en las cientos de propuestas que existen en el género. Tampoco parece que Goyer haya encontrado suficientes personajes interesantes en las novelas, porque también conocemos una buena cantidad de nuevos secundarios. Incluso el emperador ha sido clonado en tres individuos de distinta edad con el objetivo de darle una subtrama a cada uno y así rellenar todos los minutos posibles.

Entre esta larga lista de cambios, Goyer convierte a Gaal Dornick (Lou Llobell), un científico novato, en un homónimo femenino proveniente de un planeta ultrareligioso. Al menos, por esta parte la serie sabe darle ese merecido protagonismo del que no gozaba en los libros. Otro personaje tan importante como Salvor Hardin (Leah Harvey), un político astuto y calculador, aquí es transformado en una simple heroína de acción con exceso de suerte. Por supuesto, no hay nada de malo en cambiar a los personajes de género. De hecho es necesario por la falta de personajes femeninos en las novelas. El problema es que es inaceptable que se haga con el objetivo de añadirles sendos intereses románticos heterosexuales, para así facilitar momentos románticos y escenas de sexo que le dan a la ficción un aire telenovelesco a veces sonrojante. Algo innecesario que por cierto, Asimov evitaba en su obra a toda costa.


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Goyer además ha aplicado unos sorprendentes cambios con respecto a la Cámara del Tiempo. A su vez, se han introducido algunos elementos de cierto misticismo como visiones del futuro y algo parecido a un sexto sentido que le resta importancia a la propia Psicohistoria. Aunque lo que destroza gran parte de la esencia de las novelas es la violencia constante y el uso de las armas que hacen varios protagonistas. También hay escenas de acción que involucran a criaturas alienígenas. Uno de los atractivos de las novelas era que todo esto ocurría fuera de las páginas, porque lo interesante residía en la batalla intelectual entre los mayores implicados. Por ello, se ve que lo de «La violencia es el último recurso de los incompetentes» no se aplica aquí. Otro aspecto que llama la atención es la ausencia de inclusión en general, pues se supone que esta modernización pretende reflejar la realidad y enviarnos a todos un mensaje de esperanza.

Al menos, la serie cuenta con un reparto muy acertado y cada uno de sus miembros realiza un gran trabajo interpretando a sus personajes. Jared Harris (Morbius) como Hari Sheldon es el mayor reclamo, aunque es un papel que para un actor como él requiere de muy poco esfuerzo. Lou Llobell (Voyagers) y Leah Harvey (Peleando en familia) saben llevar a Gaal y Salvor a su terreno, incluso cuando el personaje de la segunda no tiene mucho que ver con el original. También nos encontramos a una reveladora Laura Birn (El cazador de pájaros) como la 'misteriosa' androide Demerzel, un activo muy valioso e interesante para el Imperio. Sin embargo, Lee Pace (Capitana Marvel) en la piel del implacable emperador de mediana edad es quien se lleva la mayor parte de las miradas. De hecho, su interpretación es tal que ensombrece sobremanera a sus semejantes de otras edades encarnados por Terrence Mann (Sense8) y el debutante Cassian Bilton.


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Como ya he mencionado, esta adaptación de 'Fundación' se distancia de los libros en un sinfín de aspectos. Aquí, las subtramas dan saltos hacia delante y atrás en el tiempo sin demasiado sentido ni coherencia. Asimismo, la ficción se permite aparcar a las mismas durante varios episodios para luego recuperarlas a su antojo, alargando la historia en exceso. En ocasiones también intenta sorprender a base de algunos giros forzados y a veces bochornosos, los cuales tienen muy poco que ver con los desenlaces marca de la casa del autor. Para colmo, el grueso del guion se basa en situaciones arquetípicas y diálogos privados de ese núcleo filosófico, político e ingenioso planteado por Asimov. Eso sí, no se puede negar que la serie cuenta con un acabado técnico apabullante en todos sus apartados, siendo este su mayor virtud junto a la omnipresente banda sonora compuesta por Bear McCreary (Outlander).

Como serie, no hay duda de que tiene el potencial para ser un éxito entre el público que no conozca la obra de Asimov y logre aguantar la embestida de información. Pero si hablamos de adaptación, este resulta un intento demasiado pretencioso y algo mediocre. Es una actualización realizada para un público más general, incluso cuando a veces es difícil de digerir. Todo para resultar visualmente grandiosa en detrimento de la inteligente narrativa del material original. Además, en favor del exceso de acción, apenas queda rastro de la solemnidad, las intrigas políticas, las maquinaciones cínicas o el suspense característico de las novelas. Por ello, el aficionado de la saga no reconocerá demasiado aquí, mientras que el no lector se encontrará con una propuesta que le exigirá aunque todo resulte muy familiar. Atrayente a nivel técnico, pero con unos personajes poco atractivos y fallida a la hora de dar un verdadero significado a sus cambios.

Puntuación: 5,5/10

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