Crítica de 'Physical' (2021) Temporada 1 - Serie Apple TV+

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Políticamente incorrecta y con una protagonista incómoda, la ficción no puede evitar ser una comedia cruel y algo desequilibrada.


Sheila Rubin (Rose Byrne), una ama de casa silenciosamente torturada y aparentemente obediente, apoya la candidatura de su inteligente pero controvertido esposo para la asamblea estatal. Pero a puerta cerrada, Sheila tiene su propia versión oscura y divertida de la vida que rara vez deja ver al mundo. También está luchando contra un complejo conjunto de demonios personales relacionados con su imagen de sí misma... es decir, hasta que conoce el aerobic y las cintas de video.

El viernes, llega a Apple TV+ esta serie creada por Annie Weisman (Almost Family) que nos introduce en un incómodo San Diego de principios de los 80. Al contrario de lo que parecía en un principio, esta no es la historia de una que mujer que consigue el éxito rápidamente con su idea. Aquí no asistimos a un ascenso meteórico y a todos los problemas derivados de la fama. Este es el retrato de una ama de casa miserable que ve cómo su vida es frustrada día tras día por el patriarcado y por sus innumerables complejos. O lo que es lo mismo: la historia de muchas mujeres a lo largo de nuestra existencia. La serie, al menos en esta primera temporada, se toma su tiempo durante sus diez episodios para narrar un tortuoso camino hacia la liberación y el empoderamiento. No obstante, este es un viaje de transformación que también está lleno de obstáculos para el espectador.

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Rose Byrne (Mrs. America) protagoniza la serie con una interpretación tajante, mordaz y brillante. Su Sheila es algo desagradable, hipócrita y muy, pero que muy insegura. Además, se odia profundamente a sí misma -a todo el mundo, en realidad- y lo demuestra mientras la escuchamos con su voz en off insultándose hasta la extenuación y automotivándose a partes iguales. Eso sí, piensa en hacer algo y siempre acaba haciendo todo lo contrario, claro. Es fácil comprender sus frustraciones y empatizar con ellas, pero en el momento en el que empieza a descargar todo su odio propio hacia los demás una y otra y otra vez es cuando se convierte en un personaje difícil de soportar. Pero es una protagonista que resulta chocante especialmente cuando hace gala de sus graves trastornos alimentarios, sobre todo porque no tiene ningún problema en gastar todos sus ahorros en ello.

Sheila tiene que aguantar estar siempre a la sombra de Danny (Rory Scovel), su marido -porque es hombre y punto-, y más ahora, que se ha presentado a una importante candidatura política y debe ejercer su papel de esposa perfecta. Para colmo, ella ha encontrado por fin el escapismo ideal: clases de aerobic. No solo eso, pues además ha tenido la visión de un éxito seguro, pero con todo lo que ocurre a su alrededor, unido a sus propios actos, lo de avanzar en su meta se le hace muy cuesta arriba. Es aquí cuando la ficción también adolece del mismo efecto y empieza a perder demasiado tiempo en otras subtramas, como la campaña o cualquiera protagonizada por otra persona que no sea Byrne, que entorpecen en exceso a la trama principal. Tampoco ayuda que todos estos personajes sean repulsivos en general, y los que no lo son, se quedan en simples bocetos de lo que podrían ser.


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Hay una gran cantidad de humor negro, momentos políticamente incorrectos y fetiches curiosos, pero en realidad 'Physical' trata temas tan serios que no puede evitar ser una comedia profundamente triste, demasiado cruel a veces. Con un exceso de travellings hiperactivos y zooms agresivos que se mezclan con una ambientación cuidada, la ficción no termina de resultar equilibrada en ninguno de sus otros aspectos. En especial el guion, que se recrea en exceso en la narración en off y el machacamiento mental de la protagonista hasta el punto de resultar repetitivo y agotador. Además, si bien el personaje de Dierdre Friel (New Amsterdam) provoca cierta simpatía e interés, los demás personajes no están tan bien construidos ni son capaces de captar la misma atención que el de Byrne.

Durante este viaje de empoderamiento femenino, a veces parece que la serie quiere hacernos creer que el mismo no se puede conseguir sin degradar a los demás, y esto es una dolorosa bofetada al noble significado de este concepto. Pero no es la imagen que la propuesta pretende dar, ni mucho menos. Lo que pasa es que su protagonista es el resultado de años de frustraciones acumuladas, ambiciones pisoteadas y expectativas impuestas. Y romantizarlo sería todavía más desagradable. Así, como la perfecta contrapartida de 'Ted Lasso', Weisman crea una antihéroe llena de matices a la que puedes amar, odiar, juzgar y comprender, pero nunca condenar. Una pena que la ficción no sea capaz de aprovecharla del todo, aunque con su precipitado e incompleto final deja bien claro que no ha dicho su última palabra. Otra cosa es que consiga encontrar su público para poder continuar.

Puntuación: 6,5/10

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