Crítica de 'Parot' (2021) Temporada 1 Episodios 1-5 - Serie Prime Video

Imagen Parot


Un thriller que podría haber sido muchas cosas y que sin embargo se queda en tierra de nadie.


Pocos días después de la anulación de la doctrina judicial 'Parot' en el año 2013, cuando decenas de presos fueron puestos en libertad, los excarcelados empiezan a aparecer asesinados de la misma forma en que lo fueron sus víctimasIsabel Mora (Adriana Ugarte), es una policía íntegra y perseverante que tendrá que asumir la investigación de los asesinatos mientras se enfrenta al intento de venganza por parte de uno de los excarcelados.

Creado por Pilar Nadal (Águila Roja), este nuevo thriller español de diez episodios llega a Prime Video para intentar sacudir un poco nuestras mentes mediante una montaña rusa de dilemas morales. Un recurso que la serie utiliza a sabiendas del poderoso material de trasfondo con el que cuenta, pero que sin embargo es precisamente este interesantísimo material el que se ve enterrado entre subtramas llenas de lugares comunes y personajes poco agradables. De esta forma, la ficción comienza a mostrarnos de inmediato las consecuencias del fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) contra la doctrina Parot: criminales libres, un inmenso dolor en las víctimas y una fervorosa rabia e impotencia que crecía entre la ciudadanía.

Imagen Parot

Aquí es donde entra Isabel, nuestra protagonista principal. La agente de policía interpretada por Adriana Ugarte (Hache) esconde un terrible pasado relacionado con uno de los excarcelados, algo que la vuelve inestable y la hace dudar constantemente entre su deber con la ley y su deseo de venganza. Isabel logra transmitir todo ese miedo a vivir siendo mujer en un mundo todavía demasiado peligroso para ellas, pero hay ciertos aspectos forzados en la interpretación de Ugarte que lastran la construcción de su personaje. A su lado cuenta con el apoyo incondicional de su madre Andre -interpretada por Blanca Portillo (Invisibles)-, además de la inesperada compañía de Jorge, un policía al que da vida Javier Albalá (Agua) y con el que también comparte un pasado algo incómodo.

Juntos deben encontrar a este arquetípico asesino anónimo que parece estar tomándose la justicia por su cuenta con cierto estilo. Pero no será el único peligro porque, como la cara antagónica -y visible- principal, nos encontramos con un sobrecogedor e imponente Ivan Massagué (El hoyo) en la piel de Haro. Este excarcelado tan adinerado como psicópata, lejos de buscar la redención, decide sumergirse en una calculadísima venganza contra la persona que lo encerró. También tenemos a otros secundarios de cierto peso como el Plaza de Michel Brown (Hernán) -aquí poco queda de ese 'galán' que conocimos en 'Pasión de Gavilanes'- o la Ana de Patricia Vico (Hasta el cielo), una periodista 'tiburón' en busca de la noticia de su vida.


Imagen Parot

En estos primeros cinco episodios, 'Parot' da claros síntomas de ser una serie que podría haber sido muchas cosas, pero que sin embargo se ha quedado en tierra de nadie. La ficción no escapa a todos y cada uno de los clichés de su género y el guion va avanzando de sinsentido en sinsentido. Por no mencionar que algunas líneas de diálogo son para echarse las manos a la cabeza. Además, ningún personaje resulta especialmente agradable y las interpretaciones, excepto una o dos, por lo general no están a la altura. Tampoco ayuda nada que todas las relaciones planteadas por los guionistas sean absolutamente tóxicas. Madre-hija, compañero-compañera, jefe-empleado, psicóloga-paciente. No importa de que relación estemos hablando, pues aquí parece no haber espacio para lo sano.

De esta forma, la serie opta por maquillar sus carencias con situaciones desagradables y la cantidad de dilemas morales que estas proponen. No es que se preocupe por la doctrina Parot en sí ni por mostrar el dolor de otras víctimas de manera realista. Además, el aspecto policial del qué presume ni goza de tanta presencia ni mucho menos resulta creíble. Aquí lo que prima realmente es el drama del personaje de Ugarte y el morbo del dilema moral constante y de provocación fácil. El estremecernos de incomodidad en el sillón mientras hacemos justicia en nuestra mentes, a nuestro modo, y funciona con eficacia en algunos momentos. El resto es simplemente insuficiente y descuidado.

Puntuación: 5/10

Ver ahora en:



Recuerda que puedes seguirnos en Facebook, Twitter o Instagram.

Publicar un comentario

0 Comentarios