Crítica de 'El lago del ganso salvaje' (2020)

Crítica El lago del ganso salvaje


Inquietante retrato de los bajos fondos en la China más contemporánea y confusa. Realista, brutal y tortuosa.


Zhou Zenong (Hu Ge) es un gángster de segunda que acaba de salir de la cárcel y se convierte en fugitivo esa misma noche, después de que una reunión de bandas que termina mal provoque la muerte de un policía. Mientras se esconde, Zhou se encuentra con Liu Aiai (Gwei Lun Mei), una prostituta que dice haber sido enviada para ayudarle.

El director Diao Yinan, después de ganar el Oso de Oro del 64º Festival de Berlín con su anterior trabajo 'Black Coal' (2014), nos vuelve a traer otro film de corte noir y profundamente realista. La trama de la película tiene lugar en Wuhan -en concreto en sus suburbios-, ciudad que casualmente está en boca de todos en la actualidad por ser el epicentro del brote de coronavirus que ya ha dejado numerosos muertos y cientos de infectados. 'El poeta de la noche', como así lo han apodado a veces, reitera en su gusto por las imágenes nocturnas, momento en el que se desarrolla casi toda la cinta. Lo hace junto a su director de fotografía habitual Jingsong Dong y juntos, vuelven a crear una atmósfera violenta y colorista, en el que todo color toma una importancia sutil para cada plano.

Crítica El lago del ganso salvaje

El film, que presume de haber logrado levantar y hacer aplaudir apasionado al mismísimo Tarantino en su presentación en el 72º Festival de Cannes, cuenta con un reparto en el que mezcla actores experimentados con intérpretes nóveles y cuidadosamente seleccionados. Hu Ge realiza un gran trabajo interpretando al protagonista masculino criminal de objetivos románticos y Lun-Mei Kwei (Black Coil) aprueba como la dulce e intrigante prostituta de finalidades e ideas cuestionables. Fan Liao (La ceniza es el blanco más puro), destaca como un implacable capitán de la policía que no se detendrá ante nada hasta consumar el caso y su venganza.

'El lago del ganso salvaje' es un retrato realista y brutal de los bajos fondos de la China contemporánea sumida en una abismal confusión, esa que sufre sus gentes después de tantos y radicales cambios políticos y sociales, en las que el pueblo siente que ha perdido su identidad y cuyo vertiginoso avance no ha hecho más que provocar una profunda grieta de clases. Su progresión se cocina a fuego lento debido a su narrativa de corte tortuoso, que baila entre flashbacks y prolongados silencios necesarios por su tono de cine negro y en muchos casos, hipnotizantes. Además, cuenta con algunas escenas realmente memorables, en las que Diao no recurre a ningún adorno ni arreglo innecesario para demostrar su habilidad desgranando la violencia hasta llevarla a su lado más cruel e impactante.

Puntuación: 7,5/10


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