Crítica de 'El faro' (2019)

Crítica El faro


Impresionante ejercicio de terror psicológico que penetra en nuestras mentes y resuena en nuestros oídos durante horas.

En un faro de una solitaria isla, el veterano Thomas Wake (Willem Dafoe) y el novato Ephraim Winslow (Robert Pattinson) deberán convivir y llevar a cabo sus tareas durante cuatro semanas, realizando el mantenimiento y vigilancia de la estructura hasta que sea el momento de regresar a tierra. Todo se empieza a complicar cuando surge un choque de egos entre ambos.

Después del éxito arrollador de 'La bruja: Una leyenda de Nueva Inglaterra' (2015), el cineasta Robert Eggers regresa a las salas con una propuesta rodada íntegramente en un tenebroso blanco y negro y encuadrada en un siempre nostálgico formato 4:3 gracias al excelente hacer de Jarin Blaschke, el encargado de su fotografía. Eggers hace un trabajo sensacional y se confirma como uno de los nuevos genios del cine de terror psicológico. No solo se permite el lujo de planificar la producción con un alto índice de riesgo pues, además, nos regala una dirección y una puesta en escena magníficas mientras dirige con absoluta tenacidad y maestría a los dos intérpretes protagonistas.

Crítica El faro

Robert Pattinson (High Life, The King) se consagra como uno de los actores más interesantes y con mayor evolución de los últimos años y es que, pese a quien le pese -pues cuenta con muchos detractores-, hace un trabajo asombroso y revelador. Y no es nada fácil. No lo es porque delante tiene al maestro Willem Dafoe (Aquaman, Huérfanos de Brooklyn), que ofrece una magistral lección de interpretación en cada uno de sus planos. Juntos nos obsequian con uno de los duelos interpretativos más apasionantes del año. No está de más mencionar que, la tarea de ejercer como tercera y última miembro del reparto es para la desconocida Valeriia Karaman, en un papel -muy secundario- que no desvelaré.

'El faro' narra, en su forma literal, lo que parece ser una interpretación de la confrontación entre el dios Proteo y el titán Prometeo, dos imprescindibles avatares de la apasionante mitología griega. Si nos sumergimos más y dejamos de lado la superficie, el film es una agobiante, abrumadora y abstracta pesadilla psicológica tanto para los personajes como para el espectador. Incluso horas después, la impotencia de Pattinson, los discursos de Dafoe y el sonido constante del faro resuenan en nuestros oídos y permanecen en nuestras mentes mientras intentamos encontrar una explicación. Además, este es otro ejemplo de una gran película con una distribución insultante en España, razón por la que cientos de miles de personas no podrán disfrutarla hasta su estreno en formato físico o en vídeo bajo demanda. Una pena, porque es una cinta que hay que visionar en pantalla grande para admirar y percibir toda su magistral belleza y locura.

Puntuación: 9/10


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