Crítica de 'Midway' (2019)

Crítica Midway


Cine de espectáculo audiovisual que cae en picado en el momento de retirar su gruesa capa de efectos especiales para intentar obtener algo más.


Después del devastador ataque sorpresa sobre Pearl Harbor, el ejército japonés prepara una nueva ofensiva. El Almirante Nimitz (Woody Harrelson), junto al mejor piloto de la armada estadounidense Dick Best (Ed Skrein) y el equipo de decodificadores del Teniente Comandante Edwin Layton (Patrick Wilson) prepara un contraataque masivo que cambiará el curso de la guerra para siempre.

Cuando hablamos del cineasta alemán Roland Emmerich (Asalto al poder, Independence Day: Contraataque), pensamos automáticamente en acción, desastres, discursos y patriotismo desmedido. En su filmografía se ha empeñado en destruir el mundo hasta en cuatro ocasiones. Obsesión de la que parece que no se ha recuperado, ya que su proyecto más próximo, titulado 'Moonfall', promete traernos una ración más de apocalipsis palomitero. El guion, a cargo del debutante Wes Tooke, parece escrito por el propio Emmerich, pues utiliza claros retazos de proyectos anteriores en forma de situaciones y diálogos, convirtiéndolo en un libreto prescindible y sin ninguna personalidad.

Crítica Midway

Uno de los atractivos del film es su coralidad. El reparto, pese a estar muy desaprovechado en algunas ocasiones -uno de los ejemplos de esto es el personaje de Aaron Eckhart-, tiene una importancia vital en el interés que genera la producción. Cuenta con una mezcla entre grandes estrellas consagradas del cine actual, como pueden ser Woody Harrelson, Patrick WilsonDennis Quaid, Luke Evans, Ed Skrein o el mencionado Eckhart, con conocidos intérpretes de la pequeña pantalla, como Mandy Moore o Alexander Ludwig, el cantante Nick Jonas y estrellas del cine japonés como Etsushi Toyokawa o Tadanobu Asano. Todos cumplen con su cometido de forma muy notable.

Aunque el final de 'Midway' dedica una corta descripción del futuro de cada personaje para darnos a entender que es un homenaje a los soldados que lucharon en la batalla, Emmerich nunca engaña. Su idea de cine siempre ha sido conseguir un entretenimiento audiovisual absoluto, apartando a los personajes y a cualquier otro transfondo o moraleja. Incluso, podría decirse que la película es la 'Independence Day' (Roland Emmerich, 1996) del nuevo siglo, pues su tono, sus diálogos y su estructura recuerda sobremanera a la misma. Por lo menos, esta vez, bajo el halo de patriotismo siempre presente en las producciones de este tipo, se ha hecho un pequeño esfuerzo por humanizar al 'enemigo', algo que resulta inusual pero muy positivo.

Puntuación: 6,5/10


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