Crítica de 'Last Christmas' (2019)



Deficiente película navideña que aboga por un humor torpe y un sentimentaloidismo de plástico en pro de ese gigante comercial que es la Navidad.


Kate (Emilia Clarke) es una vendedora de artículos navideños que, debido a su continua torpeza y algunas malas decisiones, deambula sin hogar por las calles de Londres con sus tintineantes zapatos de elfa. Un día, aparece ante el escaparate de la tienda un chico llamado Tom (Henry Golding), que cambiará su vida por completo. Pero, para ella, acostumbrada a que las cosas vayan mal, todo parece demasiado bueno para ser cierto.

El encargado de dirigir la película es Paul Feig (Cazafantasmas, Un pequeño favor), conocido en su mayoría por ser director de comedias centradas en mujeres y de muy dudosa calidad. No destaca precisamente por su cinematografía ni toque personal, ya que hasta ahora solo ha demostrado ser un cineasta de grandes estudios. A su lado y encargada del guion nos encontramos a Emma Thompson (Bridget Jones' Baby, Effie Gray), conocidísima gran actriz que también interpreta a la madre de la protagonista y que ya es autora de varios libretos que han pasado sin pena ni gloria, a excepción de la hermosa 'Sentido y sensibilidad' (Ang Lee, 1995).


La película utiliza las canciones de Wham! y George Michael a modo de spoilers y foreshadowings y acaba por ser un inusual e indigno homenaje al magnífico músico londinense. Si George levantara la cabeza, sin duda sentiría decepción del uso que el film hace de su legendaria música. Esta pasión por sus temas viene del personaje que interpreta Emilia Clarke (Voces Ocultas, Han Solo) la cual es fanática del cantante. Las interpretaciones rozan el aprobado, aunque siempre es un placer ver en acción a la mencionada Ms. Thompson y a Michelle Yeoh (Morgan, Crazy Rich Asians), jefa de Kate, a pesar de que protagoniza algunos de los momentos de humor más incómodamente surrealistas.

El tono de 'Last Christmas' es más propio de un telefilm de sábado por la tarde, es la realidad. Sin embargo, sin que esto resulte del todo malo, no es lo peor de la cinta, ni muchísimo menos. La historia tiene su mérito, pero está tan mal ejecutada que resulta imposible y avergonzante. No funciona prácticamente nada. No hay química entre sus protagonistas, ni lenguaje cinematográfico, ni guion. Para colmo, el humor es torpe y la crítica social está metida con calzador, como la de nuestra dependencia a los smartphones o el Brexit, solo con el fin de que parezca que la película realmente pretende dar algún mensaje, pero finalmente deriva en una lección banal y plástica sobre los supuestos valores que se presuponen en esa excusa comercial en la que se ha convertido la Navidad.

Puntuación: 4/10


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