Crítica de 'El resplandor' (1980)


Una obra maestra indiscutible del cine de terror. Kubrick redefinió el horror psicológico con un poderoso uso del ritmo, el suspense y la fotografía.


Jack Torrance (Jack Nicholson) busca paz y tranquilidad con el objetivo de escribir una novela. Para ello, acepta un trabajo de mantenimiento durante la difícil temporada invernal de las montañas y se traslada al hotel Overlook con su mujer Wendy (Shelley Duvall) y su hijo Danny (Danny Lloyd), cuyo amigo imaginario Tony le recomienda no ir. Con el paso de los días, Jack empieza a padecer lo que parecen ser trastornos de personalidad mientras comienzan a ocurrir fenómenos terroríficos e inexplicables.

Con el reciente estreno de 'Doctor Sueño' es inevitable huir de la tentación de volver a visionar una vez más 'El resplandor', algo que es altamente recomendable antes de acudir a las salas. En 1980 Stanley Kubrick (Espartaco, La naranja mecánica) dirigió la que es considerada una de las obras maestras del cine de terror psicológico. Ninguna película del género había tenido tanta repercusión ni había agitado tanto a los espectadores en sus asientos desde la ya legendaria 'El Exorcista' (William Friedkin, 1973), convirtiéndose así en un clásico instantáneo en la primera proyección. La manera en la que el director neoyorquino cuenta la historia y nos introduce en la locura del hotel como si fuésemos uno más de sus huéspedes es magistral e inigualable.


Gran parte de la culpa del éxito visual del film recae en su director de fotografía John Alcott (Barry Lyndon, Greystoke: La leyenda de Tarzan), que ya había trabajado con el cineasta anteriormente. Alcott consigue una atmósfera terrorífica pero sin renunciar en ningún momento a la utilización de colores ricos y vivos, acompañándolos de unos poderosos primeros planos y generales. A su vez, Kubrick utiliza todos los magníficos recursos visuales a su alcance y los mezcla milimétricamente con la escalofriante banda sonora compuesta por el tándem femenino Wendy Carlos y Rachel Elkind, que vuelcan la fiebre por los sintetizadores de los ochenta en favor del ambiente de la cinta.

Su reparto, encabezado por el magnífico Jack Nicholson (Alguien voló sobre el nido del cuco, Batman) en su papel de trastornado mental y acompañado por Shelley Duvall (Annie Hall, 3 mujeres), que sufrió muchísimo durante el rodaje y Danny Lloyd, que se retiró poco después, están a un nivel altísimo considerando la dura exigencia que Kubrick imponía a sus intérpretes. Ingredientes que consiguen que el metraje se pasee ante nuestros ojos y que aunque estemos sumidos en la angustia y el terror, logra que no queramos apartar nuestra vista ni un segundo hasta el final, sobre todo hasta el final.

Puntuación: 9,5/10 


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