Crítica de 'Hasta siempre, hijo mío' (2019)


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Xiaoshuai Wang hace un retrato espectacular de una epopeya familiar que sucede a lo largo de 30 años de vida. Un ejercicio de cine imprescindible que retrata con total libertad el sufrimiento y el avance del pueblo chino en las últimas décadas.


Yaojun Liu (Wang Jingchun) y Liyun Wang (Yoing Mei) son una pareja trabajadora que vive con su hijo de 16 años en la pequeña ciudad pesquera de Hou Wan, en la provincia de Fujian. Sin embargo, ninguno de ellos parece ser de por allí y tampoco están familiarizados con el dialecto local. La familia está destrozada desde la muerte de su primogénito Xing Liu, que se ahogó de forma trágica en el embalse cerca de su antiguo hogar, mientras jugaba con su mejor amigo Hao Shen. Pronto se empezarán a desvelar los secretos que los han llevado a establecerse en ese remoto paraje de China, muy lejos del pasado que los atormenta.

Hay películas que cuando acabas de visualizar provocan un sentimiento de tristeza al abandonar la sala. No porque no te haya gustado, sino porque sabes que millones de personas en el mundo no la visionarán, o al menos es muy probable que nunca lo hagan. Están las grandes promociones y los numerosos llamamientos a la gran pantalla, que se reservan solo para las cintas más comerciales. Esas con muchas explosiones, secuelas de franquicias famosas, remakes que atacan a nuestra nostalgia, entre otras. Luego existen los films como 'Hasta siempre, hijo mío', esos en las que poca gente se fija en el momento de escrutar la cartelera.


La historia nos muestra una serie de personajes que reflejan distintas etapas de sus vidas en el Reino del Medio. Desde la importancia de la fábrica, pasando por las duras reformas comunistas aplicadas a principios de los años 90, hasta llegar a la China de las grandes ciudades del presente. La sutileza con la que el director cuenta la trama entre saltos temporales aleatorios es sorprendente, gracias al maravilloso guion escrito por él mismo. Xiaoshuai Wang hace lo que quiere. Es su cuento, su lienzo, su obra maestra, y toda ella es conducida bajo la dulce melodía del conocido en España como "Vals de las velas" (Auld Lang Syne, en su formato original) en todas las formas posibles.

El reparto es excepcional, destacando a la pareja protagonista. Wang Jingchun y Yoing Mei están sublimes, como demuestran sus premios del 69º Festival Internacional de Berlín a mejor actor y actriz respectivamente. Ejecutan sus papeles con total naturalidad, aportando un realismo necesario en las emociones a transmitir. Una realidad que a lo largo de sus 3 horas de duración nos da lecciones de amor, amistad, humildad y de la capacidad de sumisión que tiene el ser humano cuando lo único que quiere es vivir y dar la vida. Pero además, es una clase de puro cine. Una de las películas del año que merece sin duda ser mencionada, analizada y lo que considero fundamental, disfrutada. Un clásico instantáneo y una de las mejores producciones chinas que se han realizado.

Puntuación: 8,5/10



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